"HUELO MAL" (autobiografía de un mendigo)
LA VIDA ES UNA PUTA MIERDA. Bien podría comenzar así este escrito. Sí, la vida es un asco, una mierda, !una puta mierda!.
Soy un mendigo. Vivo en la calle. En los meses de invierno duermo en el portal de una gran sucursal bancaria, ¿paradójico?, ¿no?. !Pues me kago en las paradójas!.
El caso es ke allí duermo, "Caja Navarra" creo ke se llama, llevo allí ya cuatro años, muchos clientes ya me conocen. Tengo colocadas varias cajas de cartón -envoltorios de neveras-, y un par de mantas viejas, (en verano no las utilizo). ¿Qué como me las arreglo para comer?: Rebusco en los contenedores, no en cualkiera, con el tiempo he aprendido donde tengo ke buscar. Los contenedores situados al lado de los restaurantes son los mejores, cuanto mejor es el restaurante mejor será mi comida. A mi me gusta especialmente buscar en los contenedores de los restaurantes de comida china.
Antes pedía. La gente era más generosa. Me situaba a las puertas de una iglesia y siempre me daban unas monedas. Los domingos eran el mejor día. Las viejecitas eran amables, a veces se paraban un rato a hablar conmigo: ¿pero joven no puede usted buscar un trabajo?, tiene que afeitarse esas barbas tendría mejor aspecto, voy a darle la dirección de cáritas de mi barrio allí le ayudarán.
Ahora todo es distinto. El mundo ha cambiado. La gente tiene más dinero, eso se ve: mejores coches, ropa siempre nueva. Pero son más tacaños, ya no te dan nada, cuanto más ricos peor. ¿Y las iglesias?: Ya no va ni la mitad de gente ke antes.
Así que, como os digo, ya no pido. En los contenedores encuentro lo ke necesito. Con el tiempo me he vuelto más comodón. Por las mañanas me levanto con el ruido del tráfico - es como mi despertador - doy un trago a mi cartón de vino y me desperezo despacio. No tengo prisa, al fin y al cabo ese es uno de mis privilegios. Soy totalmente dueño de mi tiempo. Tengo todo el tiempo del mundo. Soy un millonario en tiempo.
Y... me siento y veo correr a la gente por las calles. !Van corriendo a sus trabajos!. Si veo a alguno un poco más despistado le pido un cigarrillo. El primero del día, Me da igual la marca. Me da igual rubio ke negro. Normalmente de cada cuatro peticiones una se concreta en un cigarrillo.
Un poco más tarde desayuno algo, conozco una cafetería donde tiran los cruasanes en cuanto se ponen algo duros. "¿Algo duros? - con un trago de vino se ablandan y entran estupendamente -".
Y después me siento en "mi sitio". Todos en la calle tenemos nuestro sitio, normalmente suelen respetártelo. A veces llega algún mendigo de otra ciudad y no ocurre así. Pero a mí todo el mundo me conoce, suelen respetar mi sitio. Yo me siento en un banco de piedra, al lado de una fuente, a la salida de un parque. Justo enfrente hay una salida de metro y durante toda la mañana veo entrar y salir gente, siempre con sus prisas, de vez en cuando me levanto a por un cigarrillo y vuelvo.
Paso tanto tiempo sentado ke a veces dejo de sentir el cuerpo: es como si todos los músculos se me durmieran. Y dejo de sentirlo. Es una sensación agradable.
Otras veces alguien se acerca y sin decir nada me da una moneda. Me viene bien, con un par de ellas tengo para comprar un cartón de vino.
Y así pasa la mañana, despues de comer suelo echarme una siesta, sobretodo los días ke como - no siempre hay suerte -. Me echo akí mismo, en unos cartones ke pongo en el cesped, al lado de la fuente, y me duermo oyendo caer el agua. A veces pienso ke soy una estatua más del parque.
Porque el mío es un parque con muchas estatuas, y todas muy bien plantadas, ¿dónde estará el ke las hizo?, seguro ke hace tiempo que ingresó en el hotel de los silenciosos... vosotros me entendeis... Pero... como os decía, me gustan las estatuas, en cierto modo son como yo, sólo ke yo necesito mi cartón de vino... y de vez en cuando un cigarrillo.
##
Por las tardes la ciudad cambia. El ritmo se desacelera un poco, aunke a mí me sigue pareciendo ke van todos demasiado deprisa. Las jovencitas salen a pasear, van bien vestidas y huelen muy bien, lo noto cuando pasan a mi lado. Me gusta mirar sus piernas, tan blancas en invierno, con más color en verano. Podría deciros en ke mes del año estamos sólo con ver el color de las piernas de una chica. Antes, cuando era más joven, les echaba de cuando en cuando algún piropo, - la mayoría me miraba mal -, ahora ya no, ahora sólo las miro.
Huelo mal, o eso dicen, a mí no me lo parece, estoy acostumbrado a mi olor. Pero recuerdo un día, en ke una pareja de novios paseaba cerca del parque, el chico al verme se acercó y me dio una moneda, cuando se alejaban la chica le dijo: "huele mal". Lo oí perfectamente. Me olí el sobaco, olía igual ke siempre.
Durante los fines de semana la cosa cambia, akí en este mismo parque, un poco más arriba, los jóvenes se reunen para beber. En ocasiones, cuando pasan por mi lado, me invitan a un trago de su litrona: "!Hey ke pasa kolega, toma un trago de birra!", sobretodo los punkies. Me gustan los punkies, con sus crestas de colores y sus cazadoras parcheadas. Los otros, no. esos ke visten ropas nuevas y llevan la camisa siempre por dentro y el pelo engominado. Esos me miran de forma rara. A veces les tengo miedo. A veces los asusto. !Ke poco saben de la vida!.
Cuando llevo varios meses en la ciudad siento ganas de cambiar de paisaje. Y lo hago. Pido un poco por akí y por allá, y cuando reuno dinero suficiente para un billete de tren, me largo.
Me voy a cualkier lugar, siempre ke sea una ciudad lo suficientemente grande. Una vez estuve en París, pero era más joven y menos perezoso. Como decía un viejo amigo mío - hace ya algún tiempo ke le perdí la pista, creo ke lo ingresaron en algún sitio -, "pedir limosna en París es todo un lujo".
Pero ahora, ya os digo, me muevo sólo por el país. Normalmente durante algunas semanas del invierno, cuando el frio aprieta demasiado, suelo irme a alguna ciudad del Sur, conozco en muchas de ellas a varios compañeros.
Cuando llego a alguna ciudad nueva, busco siempre la catedral o la iglesia más grande ke halla. Me gusta sentarme al lado de esos enormes edificios de piedra - es fácil ke los turistas te den algunas monedas -. Me gusta la piedra,- ya lo sabéis -, me siento bien, con mi cartón de vino a su lado.
¿Y la gente?. La gente es igual en todas partes. A veces pienso ke cuantas más cosas tienen, más pobres son.
########################




Liv dijo
mmm, tu relato me ha recordado un poco al libro "los vagabundos del Dharma", aunque claro estos creo que vivian "estupendamente" en comparacion con tu amigo. Creo que a ese mendigo lo conozco yo, cuando salgo del metro siempre me lo encuntro y siempre cae algun buen consejo, quienes mejor que los " depojos de la tierra", para ver la realidad...
besoss¡¡
5 Abril 2008 | 06:43 PM