Publicidad:
Terra
La Coctelera

Impulso a lo Absoluto

Espacio para la perpetración de delitos literarios. (netdacosta@hotmail.com)

30 Marzo 2008

La llamada (basado en un hecho real)

_ !Padre Carlos!, padre Carlos, tengo que hablar con usted.

El sacerdote miró hacia atrás. Reconoció a uno de los vecinos del pueblo, ¿no trabajaba en la funeraria?.

_ ¿Qué sucede hombre?. Le dijo al joven, visiblemente acalorado, (de unos veintitantos años).

_!Tengo que contarle algo, algo que me ha pasado!.

_Bueno... tranquilo, pasa y hablamos.

El sacerdote abrió la puerta de la casa e hizo pasar a su invitado. Una vez dentro ambos hombres tomaron asiento.

El joven empezó a hablar sin esperar a que le dieran la palabra: _¿Recuerda usted el entierro del viernes pasado, el del anciano ese al que le dio un infarto?.

_ Si claro, el abuelo de la familia Bautista, como no me voy a acordar...

_ Pues ha pasado algo, algo que no me explico.

_Tú dirás. Dijo el anciano párroco.

El joven comenzó a relatar, como tras ser avisados del óbito, pusieron en marcha las tareas habituales en estos casos, para recoger y trasladar el cadáver al camposanto.

Todo había transcurrido con normalidad, por lo menos, con la normalidad propia de una empresa de servicios funerarios: El sepelio, la comitiva, y finalmente la sepultura, que en este caso, y por tratarse de gente adinerada, tuvo lugar en el mausoleo que la familia poseía en el cementerio del pueblo.

Hasta aquí, todo bien. Aunque hay que decir que durante el traslado del fallecido, nuestro protagonista (que conducía el coche fúnebre) había echado en falta su teléfono móvil. _ "Lo habré dejado en casa". Pensó en aquel momento.

Pero dado que tras llegar al domicilio y buscar conciezudamente el aparato no aparecía, empezó a darlo por perdido. Hasta que, haciendo memoria, logró situarlo en el bolsillo superior de su camisa en los momentos inmediatamente anteriores a la recogida del anciano fallecido.

_ Lo recuerdo perfectamente, porqué miré en el la hora. Proseguía el joven. _ Y sólo unos minutos después, ya en el coche de la empresa, no lo llevaba encima.

_Bueno, ¿y qué me quieres decir con esto?. Le interrumpio el sacerdote.

_Pues que...!el teléfono se me cayó dentro del ataúd!.

El sacerdote lo miró con expresión seria.

_¿Estás seguro?. Le preguntó.

_Si padre, totalmente seguro.

_Hijo mío, hay que tener cuidado con estas cosas, que no trabajas en un taller de coches, imagínate que diría la familia...

_Pues eso no es lo peor, padre.

_¿Cómo?.

El joven siguió contando, bajo la atenta mirada de su interlocutor, cómo tras ser depositado el ataúd dentro del nicho, y ya con la completa seguridad de que el aparato había acompañado al cadáver, había estado pensando en la mejor manera de que el asunto no pasara a mayores. Por supuesto, había decidido no comentar nada al jefe de la empresa, al fin y al cabo había sido un accidente, ¿pero, y si le llamaba alguien?, ¿y si se recibía alguna llamada en aquel teléfono móvil?.

Calculó que el aparato contaba con unas siete u ocho horas de autonomía antes de que se le agotase la batería. Durante aquel intervalo de tiempo tenía que evitar a toda costa que nadie marcara su número: cualquiera que pasara cerca del cementerio, dado el silencio que solía reinar en el lugar, podía oirlo. Y encima recordó, que no era precisamente el requiem de Mozart la melodía que tenía seleccionada para las llamadas. !Joder!.

Así las cosas, procedió a avisar a todas las posibles personas que podían intentar contactar con él, explicándoles que se le había averiado el teléfono móvil y que había cambiado de número.

Esta labor tampoco fue excesiva. El número de entradas de su agenda se limitaba a cuatro o cinco amigos, el número de la casa de sus padres, y el de la empresa. !Ah sí!, y el del Bar de Jimmy, !qué no se me olvide el del Bar de Jimmy!.

##

Bueno, pues yo creo que hiciste lo correcto. Le decía el sacerdote. _Una vez hecho el daño...

_ Sí, pero padre, escuche.Volvió a decir el joven, con gesto de preocupación. _Es que alguien llamó a mi número.

_¿Sí?.

Y lo que es peor, padre, !alguien descolgó al otro lado!.

_¿Qué dices?, ¿estás seguro?.

De nuevo el joven tomaba el mando de la historia, y de nuevo el sacerdote lo escuchaba con atención: _Aquella misma tarde, una vez salí del trabajo, me fui al cementerio. Llevaba conmigo otro teléfono, un móvil antiguo que yo ya no utilizaba. Comprobé si había alguien por los alrededores. Estaba anocheciendo, no se veía a nadie en el entorno, aunque en el interior del cementerio había un par de señoras mayores depositando flores en una tumba. Tuve que esperar. Me senté en uno de los bancos de piedra, encendí un cigarrillo... A las nueve cerraban la verja de la entrada, faltaban unos quince minutos.

Una vez despejado el lugar, me acerqué a la parte de la pared en la que calculé que estaba situado el mausoleo. Marqué mi número: un segundo, dos segundos... _!Pi-pi,pi-pi,pi-pi!, Allí estaba sonando. !Maldita sea!. Rápidamente pulse el botón de interrupción de llamada.

Según mis cálculos no podían quedarle más de dos horas de batería. ¿Y hasta entonces?, ¿qué podía hacer?. Nada, sólo esperar. Esperar y confiar en que nadie marcara mi número.

_¿Y dices que alguien te llamó?. Le preguntó interesado el sacerdote.

_Sí, padre, estuve por allí aproximadamente unas dos horas, el tiempo que pensé que duraría la carga de la batería, y después me marché a casa. Serían sobre las once de la noche. Quería dormir, descansar, olvidar el asunto. A la mañana siguiente todo sería una anécdota, una anécdota que algún día podría contar.

_ Pero, como le digo, aquella noche alguien marcó mi número: Sobre las doce y media de la noche, un viejo amigo que llegaba de la ciudad a pasar unos días, y al que no recordaba en absoluto haberle dado mi número de móvil, !le prometo que no lo recordaba!, realizó una llamada para invitarme a tomar una copa. Por supuesto no pudo hablar conmigo, pero dice que alguien contestó... alguien contestó al teléfono.

_No puede ser, hijo, tiene que haber alguna explicación.

_ No, padre, lo he comprobado. He visto el registro de llamadas de su teléfono, todo coincide: el número, la hora, !la duración de la llamada!. Y dice que no fue una llamada sino dos.

_¿Y dices que tu amigo asegura que alguien cogió el teléfono?. Preguntó de nuevo, inquisitivo el sacerdote. _Lo que dice es que alguien descolgó, las dos veces, y que se oía una especie de respiración entrecortada. Me llamó por mi nombre varias veces y como nadie contestaba colgó. Volvió a intentarlo un rato después, pero al móvil, !por fin!, se le había acabado la batería. Mi amigo se acercó entonces a casa, allí me contó lo de las llamadas.

_¿Y el sabe algo de lo que te había sucedido?.

_Nada en absoluto, padre, ¿por qué iba a mentir?.

_!mmmm!. El sacerdote se rascó la barbilla, pensativo. _El teléfono pudo caer debajo de uno de los miembros del cadáver y el peso del cuerpo pudo accionar el botón de respuesta. Dijo al cabo de un momento.

_ Sí pero...¿y lo de la respiración?, ¿no hay veces en las que el médico certifica la muerte erroneamente, padre?, ¿no es eso posible?.

_El abuelo de los Bautista tenía ochenta y tres años, fue un ataque al corazón, yo mismo hablé con la familia.

_Ya pero... en el mausoleo de esa familia, ¿no hay más cadáveres enterrados?, ¿no está enterrada ahí, aquella chica que se ahogo y...

_ Mira, hijo. Dijo el sacerdote, en un esforzado tono tranquilizador, mientras daba un golpecito en el hombro al joven trabajador de la funeraria. _Escucha, ¿tú crees en Dios?.

_Hombre, yo.

_Bueno, pues reza un padrenuestro y olvida el asunto.

_Pero...

_Hazme caso, tú has hecho lo que debías, no le des más vueltas, reza un padrenuestro y verás como te sientes mejor.

En la casa se hizo un silencio.

_ ¿De acuerdo?, olvida el asunto, y procura ser más cuidadoso en tu trabajo, que es muy delicado.

El joven se puso en pie y se dispuso a marcharse, antes de salir dirigió una última mirada al sacerdote.

_ No te preocupes, no le des más vueltas. Volvió a decirle, en tono amable, el párroco del pueblo.

##############################

Tags: relato

servido por javier 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

m-n-rivers

m-n-rivers dijo

Espeluznante...

30 Marzo 2008 | 06:48 PM

maykel

maykel dijo

YO ME VEÍA LA CANCIÓN ESA DEL CHIKILIKUATRE ESE SONANDO POR TODO EL CAMPOSANTO,JAJAJAJAJ.
NO SÉ MUY MAL ROLLO EL DEL CURA ÉSE,ME ESPERABA UN FINAL....
PERO ME HA GUSTADO,SIGNIFICA ESO QUE NO TE HACE GRACIA LA IGLESIA,O QUE CREES EN DIOS,JAJAJAJAJ.
ME ENCANTA LEERTE TRON,KUIDATE.PAZ

30 Marzo 2008 | 07:11 PM

maykel

maykel dijo

perdona,no me había dado cuenta de que era una historia real,pues que mal rollo me has dejado en el cuerpo,yo hubiese molestado a la madera,para que abrieran el sitio a ver si había alguien con vida.

30 Marzo 2008 | 07:14 PM

Crazy Mary

Crazy Mary dijo

De verdad de la buena que está basado en un hecho real?...pues vaya tela, y vaya situación y vaya de tó...Aunque me has dado una idea. A partir de ahora podrían enterrar a la peña ( a la que no incineren claro) con un móvil, por si acaso no han estirado la pata de verdad y pueden ponerse en contacto con alguien...vaya, sólo es una idea...:-P
PD: Me ha gustado esta faceta tuya de relatista.

31 Marzo 2008 | 02:10 PM

javier

javier dijo

Crazy mary: No sería necesario un móvil, simplemente un interruptor en el ataúd, pero sería muy caro para ser viable, salvar una vida, millones de interruptores, no es rentable...

31 Marzo 2008 | 06:40 PM

El_Gran_Masturbador

El_Gran_Masturbador dijo

Muy buena historia. El final da que pensar... Engancha desde el principio, jeje.

SALUDOS YONKIE!

31 Marzo 2008 | 07:14 PM

el muerto

el muerto dijo

fue yo quien contesto a la llmada aligualq ue ahor adesde la ultratumba te escribo

12 Abril 2008 | 10:27 PM

Los comentarios están cerrados


Sobre mí

Avatar de javier

Impulso a lo Absoluto

Extremadura, España
ver perfil »
contacto »
Hombre tripolar, con inquietudes literarias... miembro del partido de mi mismo (y en muchas ocasiones con ganas de autoexpulsarmE), superviviente nato, navegante de bares y bibliotecas... y en ocasiones amable. Signo Zodiacal: Virgo Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Contador gratis

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera